Programación cultural Agosto 2017 (pulsa para ver):

OTOÑO EN EL BOSQUE ENCANTADO

Amarillos, ocres y verdes vivos pintan las húmedas tierras del Rincón de los Huertos y el bosque de Bajil.

Para descubrir el otoño en todo su esplendor en la Región les proponemos un paseo por la zona alta de Moratalla. El recorrido comienza en El Rincón de los Huertos, un paraje de Benizar en el que ya te recibe un bosque de encinas. Pero antes de salir, les recomiendo que lleven ropa de abrigo, gorro incluido, calzado de montaña y un tentempié para el camino. Es una ruta de unos 8 kilómetros con muy poco desnivel y que se puede hacer, sin mucho esfuerzo ni prisa, en poco menos de cuatro horas. En ella se disfruta del único bosque autóctono y silvestre de la Región, el chaparral de Bajil (o Bagjil), pero también de una rambla, la de Lucas, plagada de nogales, chopos, almeces, almendros, perales y algún que otro fresno cuyas hojas rojizas colorean aún más de otoño este húmedo y fértil paisaje de verdes laderas, junto a las que algunos lugareños cultivan en pequeños huertos.
Unos pimientos colgados a la solana y sobre la puerta verde de una de las pocas casas del Rincón de los Huertos dan una idea de la vida que los habitantes de la zona llevan. De hecho, pasado Zaén de Arriba un pastor ha retenido a su rebaño de ovejas para dejar que pase el coche. Las lleva a pastar.
Los nogales, los chopos y una encina gigante en el mismo pueblo avanzan lo que será la jornada, pero nada hace presagiar la fascinante excursión que acaba de empezar en un espléndido, aunque ventoso, día de otoño.
De camino a la rambla 
 
Desde las casas de Aguablanca se parte cuesta arriba en busca de la rambla de Lucas. El camino bordea una serie de cortijos rehabilitados mientras asciende ante la imponente visión de una enorme encina centenaria y, antes de volver a descender para entrar en la rambla de Lucas o cañada de Bagil, se puede ver desde lo alto la provincia de Albacete con la Cuerda de La Gitana a la derecha.
Cuando la pista comienza a descender para internarse en la húmeda rambla, el cortijo de Toral de Arriba les saluda desde lo alto en un paisaje dominado por enebros, coscojas y encinas.
Ya en la rambla, el agua, transparente como el cielo otoñal que nos cubre, corre regando esas tierras plagadas de nogales y encinas que han dejado sobre el terreno una crujiente alfombra de hojas, nueces y bellotas; almeces, almendros y chopos les acompañan amarilleando el paisaje, y algunos ejemplares de fresno lo salpican de rojo. Siguiendo la cañada se encontrará un par de idílicas balsas a la izquierda de la senda: una que hizo las veces de lavadero (Fuente de las Pilicas) y otra mayor, junto a la que crece uno de los mejores ejemplares de sauces de la Región (pese a su mal estado de conservación). Ambas balsas regulan el agua de los nacimientos de la zona.
Justo en este punto, puede ascender, hacia la izquierda, hasta las Cuevas de Esquilo: unos abrigos en los que se pueden ver restos de pinturas rupestres de las que la más llamativa es una nao que los expertos han datado en torno al siglo XVI. Durante toda la rambla, pero en especial en este pequeño trayecto de ascensión a la cueva, son palpables las huellas recientes de jabalíes, que remueven la tierra en busca de tubérculos y raíces.
Dólmenes y sabinas 
 
Bajando por donde han subido, deben seguir ascendiendo el curso de la rambla hasta casi llegar a Bagil. En ese punto, si sube por la loma que encuentra a la derecha, llegará al Cerro de las Víboras, una zona habitada desde la prehistoria y en la que los yacimientos encontrados constatan una ocupación que va desde el 2800 a. C hasta el 1500 a.C. Testimonio de estas civilizaciones del Calcolítico y el Argar, ubicadas en uno de los pasos naturales entre el Campo de San Juan y las poblaciones manchegas de Nerpio, Otos y Letur, es el dólmen de Bagil, así como otros cuatro más encontrados por los arqueológos.
Desde el risco donde se encuentra el monumento funerario más a la vista, se puede apreciar desde el exterior la inmensidad del chaparral de Bagil (una visión que no desvela ni por asomo su belleza interior), así como disfrutar de los redondeados ejemplares de sabina, que parecen recortados a diario por el jardinero de la naturaleza. Si respiran profundamente, el tomillo y la manzanilla que dejan a su paso les aromatizará un camino en el que también encontrarán espino o 'pijolobo' con las flores ya secas. En el mismo cerro, una inmensa encina invita al viajero a hacer un descanso. Un lugar ideal para disfrutar del silencio y aguzar el oído para escuchar el canto de la naturaleza; también un estupendo mirador a la rambla y a los apriscos del cerro de Bagil que todavía hoy, repletos de heno, cobijan al ganado que pastorea por la zona.
Al llegar a Bagil, un cortijal con un olmo centenario y una pequeña olmeda rodeada de almendros, hay que tomar la carretera, pasando junto a unos campos sembrados de lavanda y otras hierbas aromáticas y, cuando la carretera describe una gran curva a la derecha, tomar un camino de tierra que parte justo frente a otro cortijo. Este es el sendero por el que llegará al chaparral de Bagil, cogiendo la primera bifurcación a la izquierda.
Musgo, setas y helechos 
 
La senda sube pegada a unos huertos vallados en los que crecen avellanos y algún ciruelo. Siguiendo la pista llegará a una antigua balsa custodiada por un enorme nogal, un seductor rincón que aporta riego a las plantaciones circundantes. El camino continúa, como empedrado, ascendiendo hacia el puntal de Cárdenas entre encinas achaparradas (fruto de la explotación para carbón durante siglos), enebros y sabinas. Ya en esta zona, el viento amaina: se camina protegido por los árboles, el bosque se cierra, el musgo de las rocas ha cobrado un color verde vivo, las setas se prodigan cobijadas bajo el manto de la hojarasca, los grupos de encinas ocultan en su interior las bellas semillas de las peonías (rojas y negras) y las ramas de las encinas, colonizadas por musgos y líquenes, amarillean, verdean y hasta se tiñen de azulete. Además, si está atento al suelo, podrá ver excrementos de zorro.
Ya en el interior del cerrado bosque, tendrá que dejar pasar hasta tres bifurcaciones, una a la derecha y tres a la izquierda, y tomar la siguiente a la izquierda. Una senda que se irá cerrando hasta perderse entre los árboles. El 'no camino' le lleva a una especie de garganta en la que, si no lo ha sentido ya, se sentirá transportado a un bosque encantado y no le extrañará si se le aparece Merlín. Los helechos crecen en las grietas de las rocas y hasta se puede ver algún pequeño roble si se presta atención. Respire hondo y goce del placer de estar en contacto con la naturaleza más salvaje.
Al final de este camino asombroso, se abrirá de nuevo el bosque y le recibirán otra vez nogales y esbeltos chopos junto a la Balsa Grande. Ya está de vuelta en la bucólica aldea del Rincón de los Huertos.
Cómo llegar:
 
Hay que coger la autovía de Andalucía y tomar la del Noroeste en la salida 651. Pasado Caravaca, continúe hasta Barranda y desde allí siga hacia El Sabinar. Tras pasar el desvío a Moratalla, tendrá que tomar una carretera, a la derecha, hacia Zaén de Arriba (Casa Pernías). Pasado Zaén, una carretera, a la izquierda, le llevará hasta El Rincón de Los Huertos.
En imágenes:
Las peonías. En primavera, las flores silvestres lo colorean todo, entre ellas las peonías, que ahora lucen sus frutos abiertos y plagados de sus llamativas semillas.
Pimientos al sol. Una ristra de pimientos se seca al sol en una de las pocas casas del Rincón de los Huertos.
Troncos forrados. El chaparral de Bajil luce multicolor en otoño; sus ramas y troncos están almohadillados por musgos y líquenes.
12.11.10 - 01:51 - PEPA GARCÍA FOTOS: GUILLERMO CARRIÓN pegarcia@laverdad.es

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